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¿Y TÚ QUÉ SABES? & SCHOPENHAUER¡¿Y tú qué sabes?!
Definitivamente. El pensamiento por sí mismo puede cambiar al cuerpo.
La mayoría de la gente no influye en la realidad consciente y substancialmente porque no cree que pueda hacerlo. Escriben una intención y luego la borran porque creen que es tonta o se sienten incapaces de realizarla. Después vuelven a escribirla y vuelven a borrarla. Por el tiempo invertido, el resultado es mínimo. En realidad todo radica en el hecho de sentirse incapaces de hacerlo.
Si aceptaran con todo su ser que van a caminar sobre el agua ¿sucedería? SÍ. Pero, es como pensar positivo. Pensar positivo es una idea maravillosa. Pero lo que normalmente significa es que tengo una ligera capa de pensar positivo que cubre una enorme masa de pensar negativo.
Al pensar en las cosas hacemos la realidad más concreta de lo que es. Por eso nos atoramos. Nos atoramos en la realidad de siempre. Porque, si la realidad es concreta, obviamente yo soy insignificante y no puedo cambiarla. Pero si la realidad es una posibilidad de la mente, una posibilidad de la conciencia misma, inmediatamente surge la pregunta de cómo puedo cambiarla. ¿Cómo puedo mejorarla? ¿Cómo la hago más feliz? ¿Ven cómo expandimos la imagen de nosotros mismos? Antes no hubiera podido cambiar nada porque habría pensado que no tengo papel alguno en la realidad. La realidad está ahí. Son objetos materiales con rumbo propio regidos por leyes deterministas. Las matemáticas determinan lo que harán en una situación determinada. Yo, la experiencia, no cuento en absoluto. Actualmente, sí. Las matemáticas pueden darnos algo. Las posibilidades de que todos estos movimientos pueden asumir. PERO NO PUEDEN DARNOS LA EXPERIENCIA QUE TENDREMOS EN LA CONCIENCIA. YO elijo esa experiencia. Y, LITERALMENTE: "YO CREO MI PROPIA REALIDAD"... la física cuántica realmente nos dice esto.
Fragmento "transcrito" del documental ¿¡Y tú que sabes!? ("What the Bleep Do We Know!?", en inglés) dirigido por William Arntz, Betsy Chasse y Mark Vicente. Cuenta con la participación de los físicos William Tiller, Amit Goswami, John Hagelin, Fred Alan Wolf y David Albert; el investigador Masaru Emoto, el anestesiólogo Stuart Hameroff, los psiquiatras Jeffrey Satinover y Daniel Monti, el médico Andrew B. Newberg, el bioquímico Joseph Dispenza; la bióloga molecular Candance Pert, el maestro espiritual Ramtha y el teólogo Miceal Ledwith.
Schopenhauer.
"El delito mayor del hombre es haber nacido." Estos versos resumen el pensamiento pesimista del filósofo alemán. Su filosofía afirma la vida; la afirma solamente como apariencia, una apariencia que, más allá de la vida, reclama una no-vida, una nada, un olvido.
En La cuádruple raíz del principio de razón suficiente Schopenhauer conserva el sistema categorial de Kant. De este sistema, sin embargo, conserva una sola categoría: la causalidad que podemos encontrar en nuestra mente como fenómeno, como sucesión conceptual y, sobre todo, como volición. En última instancia, para Schopenhauer la categoría suprema es la de la voluntad, fundamento mismo del principio de razón suficiente.
No es válido creer que esta voluntad sea exclusivamente mi voluntad individual y subjetiva. El mundo mismo está hecho de voluntades que son fuerzas. La realidad está hecha de "presentaciones" (comunes al animal y al hombre), de "representaciones" y de voluntad, que es a la vez realidad del mundo y de la conciencia. Pero si nos preguntamos qué es lo más importante: la representación o la voluntad, veremos en seguida que el principio absoluto es la voluntad. Las ideas y las percepciones están al servicio de la voluntad. La voluntad, por decirlo en términos kantianos, es la "cosa en sí". Y como la voluntad no depende ni del tiempo ni del espacio, debe hablarse de una sola voluntad absoluta y no de una multiplicidad de voluntades. En otras palabras, el mundo puede presentar múltiples apariencias; es de hecho una sola realidad: la de la voluntad misma.
Ahora bien, la voluntad es, es esencia, voluntad de vivir, y la voluntad de vivir es guerra, es lucha, es conflicto. Por su voluntad, por su realidad misma, las creaturas aparienciales de este mundo están condenadas a la violencia. Hegel había racionalizado el mundo de tal manera que el mal parecía no caber en él; Schopenhauer trata de mostrar que el mundo es malo y que el mal nace del conflicto de las voluntades: "el hombre es un lobo para el hombre", repite Schopenhauer con Hobbes.
Pero si el mundo es lucha y es violencia, no es este mundo el que desea Schopenhauer. De ahí sus diatribas* contra la esclavitud, la explotación del débil por el fuerte y la guerra.
Influido por el pensamiento de la India y, sobre todo, por el budismo, Schopenhauer piensa que debemos escapar de este mundo que es, para él, literalmente un infierno. No quiere esto decir que Schopenhauer defienda el suicidio. Al contrario, el suicidio, además de ser cobarde, esconde un secreto deseo de vivir y de sobrevivir por lo menos en la memoria de los demás. Hay que renunciar a las apariencias, pero solamente mediante dos vías: la del arte y la contemplación estética; la de la ascesis y la intuición mística, de un misticismo, es cierto, que no requiere de la existencia de Dios. Ahora bien, la contemplación artística y la visión mística constituyen un ir más allá de las apariencias, más allá de los velos, más allá de la voluntad misma. La voluntad se transforma así en "voluntad": la acción en contemplación (1). Rehuir las apariencias es alcanzar, por penetración, la quietud del alma: la verdad, para Schopenhauer, como para el budismo, está en la contemplación, una contemplación que anula las apariencias y nos hace uno con el todo; regreso de nuestras conciencias individuales y aparentes a la totalidad del universo.
* DIATRIBA s. f. (del lat. diatriba, discusión filosófica, del gr. diatribí, entretenimiento). Discurso o escrito que contiene un ataque viloento: lanzar una diatriba contra alguien. El pequeño Larousse ilustrado 2007.
(1) En la filosofía occidental son varias las escuelas que afirman la acción para negarla: así los epicúreos. Por otra parte, la vuelta a una realidad primordial y escondida podría encontrarse en Platón, a quien Schopenhauer admiraba, y en Plotino. El futuro de la filosofía de Schopenhauer hay que buscarlo, última consecuencia del voluntarismo, en la filosofía de Nietzsche en cuanto éste afirma no tanto la voluntad de poder sino la superación del movimiento mismo en el eterno retormo.
Introducción a la historia de la filosofía. Ramón Xirau. UNAM.
Palabras y significadosBLOG s. m. (voz inglesa, abrev. de weblog, cuaderno de bitácora). Página web, generalmente de carácter personal, con una estructura cronológica que se actualiza regularmente y que se suele dedicar a un tema concreto. SIN.: bitácora, weblog.
BITÁCORA s. f. (del lat. habitaculum, vivienda). Armario o cajón próximo al timón de un barco donde se pone la brújula. 2. Blog.
EL PEQUEÑO LAROUSSE ILUSTRADO 2007 DIÓGENES EL CÍNICODIÓGENES EL CÍNICO
Diógenes divisó un día a una mujer prosternada ante los dioses de una manera inconveniente. Queriendo arrancarla a la superstición, se acercó a ella y le dijo: "¿No temes, hija mía, que un dios venga a colocarse por azar detrás de ti –pues todo está lleno con su presencia-, en cuyo caso tu postura será inadecuada?"
Durante un banquete, algunos comensales le echaron huesos como si fuera un perro: él resolvió la situación yendo a orinar sobre ellos como un perro.
En verano se revolcaba en la arena ardiente y en invierno se abrazaba a las estatuas cubiertas de nieve, ejercitándose ante todo tipo de adversidades.
Habiéndole uno invitado a entrar en su lujosa mansión, le advirtió que no escupiese en ella, tras lo cual Diógenes arrancó una buena flema y la escupió a la cara del dueño, para decirle después que no le había sido posible hallar lugar más inmundo en toda la casa.
Observando cierta vez a un niño que bebía con las manos, arrojó al suelo el cuenco que llevaba en la alforja, diciendo: “Un niño me superó en sencillez”. Asimismo se deshizo de su escudilla cuando vio que otro niño, al que se le había roto el plato, recogía sus lentejas en la cavidad de un pedazo de pan.
Platón había definido al hombre como animal bípedo implume, y su definición obtuvo gran fama. Diógenes desplumó un gallo y lo introdujo en la escuela, diciendo: “Este es el hombre de Platón”. A consecuencia de ello, se añadió a la definición: “Con uñas anchas”. Proclamaba que los dioses habían otorgado a los hombres una vida fácil, pero que estos lo habían olvidado en su búsqueda de exquisiteces. Por eso, a uno que estaba siendo calzado por su criado, le dijo: “No serás enteramente feliz hasta que tu criado te suene también las narices, lo que ocurrirá cuando hayas olvidado el uso de tus manos”.
Estaba en una ocasión pidiendo limosna a una estatua. Preguntándole por qué lo hacía, contestó: “Me ejercito en fracasar”.
A quien le dijo: “Muchos se ríen de ti”, le contestó: “Pero yo me tomo en serio”.
Preguntándole uno de dónde era, respondió: “Ciudadano del mundo”.
A uno que le reprochó: “Te dedicas a la filosofía y nada sabes”, le respondió: “Aspiro al saber, y eso es justamente la filosofía”.
Solía hacerlo todo en público, las obras de Deméter y las de Afrodita. Y lo justificaba argumentando que, si comer no es un absurdo, no es absurdo hacerlo en la plaza pública; y como resulta que comer es natural, también lo es hacerlo en la plaza pública. Se masturbaba en público y lamentaba que no fuera tan sencillo verse libre de la otra comezón del hambre frotándose las tripas.
Ridiculizaba la nobleza de cuna, la fama y distinciones similares. La verdadera ciudad es el universo. No reconocía el matrimonio, sino la unión libremente consentida entre hombre y mujer.
Se dice que estaba cercano a los noventa años en el momento de su muerte. Respecto a la misma, corren diversas versiones. Según una, le sobrevino un cólico a consecuencia de la ingestión de un pulpo crudo, hallando así la muerte. Según otra, acabó con su vida voluntariamente, mediante la contención de la respiración. Esta versión es la seguida por Cércidas de Megalópolis que escribió:
El en otro tiempo ciudadano de Sínope, Aún otra versión asegura que, mientras echaba un pulpo a los perros, uno de éstos le mordió en el tendón del pie, y esta mordedura le causó la muerte. Sus amigos, sin embargo, creían que había muerto por retención del aliento.
Se originó, según cuentan, una disputa entre sus amigos, respecto a quienes habían de enterrarlo, y hasta llegaron a las manos. Al fin, se presentaron los ancianos y notables de la ciudad y fue enterrado por éstos junto a las Puertas que conducen al Istmo. Sobre su tumba colocaron una columna y, sobre ésta, un perro de mármol de Paros. Más tarde, sus conciudadanos honraron su recuerdo con estatuas de bronce, en las que inscribieron estos versos:
Hasta el bronce envejece con el tiempo. Algunos aseguran también que, al morir, expresó su deseo de quedar insepulto, para que todos los animales pudieran alimentarse de él; o bien le echaran a una fosa y esparcieran un poco de polvo sobre su cadáver. De acuerdo con otras versiones sus instrucciones fueron que se le arrojara al río lliso para poder así ser útil a sus hermanos (¿?).
Demetrio, en sus "Homónimos", afirma que murió en Corintio el mismo día en que Alejandro moría en Babilonia. Era ya un hombre anciano.
por Gregorio Luri (basado en "Las vidas de los filósofos" de Diógenes Laercio)
http://elcafedeocata.blogspot.com/2007/06/postales-filosficas-digenes-el-cnico.html |
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